lunes, 21 de septiembre de 2009

en estado de libertad


Poco a poco avanzaba con entusiasmo. Entre mis brazos ella, en mi mente ser libre.

Solo unos pocos pasos me alejaban de la felicidad absoluta, los mismos que alejan el agua del paseo marítimo. Y entonces, avancé, sin miedo, como siempre, y note ese frío helador ascendiendo lentamente por mi cuerpo. Un frío que en otra situaciones se calificaría de desagradable, pero que en esta, era la sensación que más añoraba despues de un largo y tranquilo verano.


Ya una vez dentro, con el cuerpo más o menos templado, y la cabeza siempre fría, me tumbé sobre ella, mi mejor amiga, mi cómplice, y me deslicé suavemente por ese mundo tan maravilloso y tan desconocido que es el mar. Nadé fuertemente hasta alejarme, tan lejos que nada pudiese estropear aquel momento, que nigun pensamiento pudiese cruzarse en mi mente. Entonces me giré, dejando detrás el horizonte me enfrenté a aquel mundo y a sus problemas. Ya no me imprtaba, pues bastantes metros me alejaban de ellos, y yo, me sentía seguro en aquel sitio.


Volví a mirar al horizonte, y cegado por el sol, trate de buscar a la que me llevaría a mi libertad. Todas parecían perféctas para ello, pero yo sabía que debía esperar, debía esperar a la ola de mi vida. Manteniendo el equilibrio como pude, esperé un par de minutos, y entonces apareció. Sabía que era esa, que no podía ser otra y entonces me dispuse a recibirla. Llegaba asi mi libertad.


Con la mente en blanco, y con la mayor agilidad y destreza que pude permitirme, saboreé esa libertad. Con los dedos de las manos podía rozarla, podia acariciarla. La mayoría de las personas creen que son libres, y la mayoría de ellas no saben de lo que hablan; yo sí, puedo encontrarla con un poco de viento y un par de buenas olas, alcanzando así la despreocupación absoluta. Pude repetir esta misma maniobra todo lo que mi cuerpo me permitió, unas cuantas horas más. Mañana volvería de nuevo.


Entonces volví a tierra, a aquel mundo de problemas y líos absurdos, de seres humanos agobiados por cualquier cosa. Ya no me preocupaba nada,por muchos problemas que pudiese tener, había escapado de ellos. La mente, ya relajada y algo más caliente, sólo podía recordar aquellas horas de felicidad, de desconexión. Había llegado al estado de éxtasis del dia.

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