
Aquel día ni si quiera desayunaron. Como si ganar esa media hora de más fuese a detener el tiempo para impedir que se acabasen sus horas juntos.Impotentes por no poder permanecer toda la vida como habían estado aquellos días, viviendo su amor a su manera, libres y solitarios, se encaminaron hacia su destino.
Fue un trayecto repleto de cariño hasta la estación de autobuses. Una vez vieron la luz al salir del subterraneo, las palabras se despidieron. Una comida rápida, a deshora, repleta de tensión, y ausente de sentimientos. Finalmente llegó el momento. Ella debía subir a aquel autobús que volvería a imponer la distancia entre los dos.
Ella, trató de contener las lágrimas. Él, como siempre, trató de camuflar cualquier emoción, dando la sensación de no sentir absolutamente ningún tipo de tristeza. Parecía como si su anterior historia se repitiese: EL fin, siempre estaba en aquella estación.
Aún así los dos disimularon sus pensamientos y se despidieron con un abrazo. Un corto beso, y una muralla enorme para no dejar salir ningún reflejo de su interior.Ella subió. Él busco su ventana. Cuando sus miradas volvieron a encontrarse, ella estaba empapada en llanto. Él, tenía la mirada perdida. Como si estuviese ajeno a la situación. Ambos se miraron con cara de aprobación. "Todo estaría bien".
Como en un último gesto de unión, alzaron sus manos y trataron de sentirse mutamente a traves de aquella fría ventana. Ambos sabían que ya estaban separados. Ambos sabían, que esa vez sería única, que no volvería a haber amor. Ambos sabían en los mas profundo de sus corazones que allí, acababa su historia.


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